lunes, 26 de junio de 2017

Alguien a quien odiar

¿Qué se puede decir de un hombre de 41 años que asegura odiar a su madre y se ha acostado con una de sus estudiantes de ESO? 

El humor de Mickey es extraño. Su presentación es: Odio a mi madre. Soy profesor de ESO y mi última novia era una de mis alumnas. No advierte que es profesor de adultos. Cree que después de semejante conjunto de dislates, ningún otro aspecto de su vida puede decepcionar. También debería añadir que es un picaflor. 

Mickey es un apodo, por Mickey Mouse. Durante la adolescencia, sus orejas eran tan perpendiculares a la punta de su nariz y su cogote que parecía que alguien invisible le tirara de ellas. Su madre se obstinó en que lo operaran cuando apenas había cumplido 12 años, a pesar de las reticencias de la mayoría de los médicos de estética. Sus orejas de soplillo nunca le causaron problemas. La operación, si. Hace tres décadas, hasta los padres alentaban la homofobia. Perdió a todos sus amigos en aquella época y se sintió muy solo, porque para muchos la vanidad lo convertía en afeminado.

A su hermano menor también lo martirizó su madre. Antes de terminar la carrera, por el estrés, se le empezó a caer el pelo y ella lo obligó a teñirse el pelo de rubio, para que fuera menos evidente. Cuando llegó de la peluquería, se rapó la cabeza y se fue a vivir con su abuela. Nunca terminó la carrera. Estaba destinado a ser biólogo y ha terminado de conserje en un colegio.

Cuando Mickey censura a su madre y yo protesto, convencida de que algo bueno tendrá la mujer, él se encoge de hombros y dice: Supongo, sin añadir nada más.

domingo, 25 de junio de 2017

Montando películas

Él: Fíjate, está casi nuevo.
Ella: Déjalo ahí. No vayas a pillar algo malo. A saber Dios de quién era.
Él: Es como el fórmula 1 de los andadores.
Ella: ¡Qué lo dejes, coño! ¡No voy a permitir que se lo des! Si se entera que lo hemos cogido de la basura, se tira toda la noche llorando del disgusto.
Él: Pero si no se entera ni de que está sentado sobre su propia mierda. Y el que tiene es un trasto. Cualquier día se nos mata porque se le ha descompuesto. Y éste está nuevo, como si nunca lo hubieran utilizado.
Ella: Pues por lo mismo. Seguro que es de alguien que ha muerto. De un viejecillo que se quitaba la dentadura postiza y luego se cogía al andador sin lavarse las manos. ¡Por Dios, qué asco! Déjalo ahí que sólo de pensarlo me dan arcadas.
Él: Lo lavo con lejía y con alcohol. 
Ella: Seguro que estaban esperando a que el pobre hombre muriera para tirar sus cosas. Se deslomaría durante toda la vida trabajando, cualquier cosa a cambio de darle caprichos a sus hijos, para convertirse al final en un estorbo. Anda, vámonos, que me da más tristeza que asco.

sábado, 24 de junio de 2017

Los nombres de la risa

¿Por qué tenemos tan pocas palabras para definir la demostración de la alegría en el rostro? Risa, sonrisa, carcajada... Si queremos definir los miles de matices que tiene la risa, nos vemos forzados a crear frases interminables saturadas de adjetivos. Deberíamos tener una palabra para la risa irónica, para la risa forzada, para sonrisa de descaro, para las carcajadas incontroladas que hacen agitarse el cuerpo como si sufriera convulsiones. También necesitaríamos una palabra en concreto para definir la sonrisa de felicidad que aparece en el rostro inconscientemente, y que no se puede borrar aunque se intente. 

Mickey dice que sonrío mientras duermo, y que lo hago casi todas las noches. Le pido que me despierte, pero él se niega alegando que no quiere ser el culpable de robarme unos minutos de felicidad. ¿Con qué soñaré? Hace tiempo, lo suficiente para que de la memoria hayan desaparecido rostros de actores y el título, vi una serie de abogados. Una señora exigía que se le dejara pasar su vida soñando porque en sus sueños tenía una vida plena, con familia, esposo e hijos; y en la realidad estaba sola. Puede que yo sueñe con la realidad, con cualquier momento de mi vida cotidiana. 

Sin duda, necesaria la palabra que defina la sonrisa de los durmientes. 

martes, 20 de junio de 2017

El rastro persistente

Cuando era pequeña nos mudábamos dos, tres... hasta cinco veces al año. Lo hacíamos con tanta frecuencia que en una ocasión una monja no me dio el recado del traslado de mi familia de Tablada a Málaga porque creyó que era mentira. Existían los móviles, pero eran tamaño ladrillo, de la densidad del plomo y el precio del oro. 

No importaba lo lejos que nos marcháramos -sin pasar nunca de Despeñaperros-, siempre, absolutamente siempre, en algún rincón de la nueva casa aparecían hormigas rojas y pequeñitas. Tardamos en darnos cuenta que viajaban con nosotros, en la tierra de un ficus, que sobrevivió durante lustros a nuestra negligencia y olvido. Murió en el patio trasero de la casa de mi madre, durante una riada que destrozó la tapia del patio y atravesó toda la casa, con el tronco cercenado por algún objeto contundente que arrastró el lodo. 

Cuando me mudé al nuevo apartamento, limpié los cajones de todos los muebles, los armarios, las estanterías. Hasta los más insignificantes objetos de Guille fueron a parar a una maleta que le envié a Madrid. Ahora nunca va a Barcelona, y eso a sus padres les duele. 

Pero siempre queda algo. Mi portátil, como protector de pantalla, tiene la galería de imágenes. Casi todas son fotografías de mi sobrina, algunas de los edificios que he hecho, pocas de algunos amigos. Hay tantas y aparecen al azar, que puedo tirarme días sin ver la mayoría de ellas. Esta mañana apareció una que había olvidado por completo. La fotografía de un paisaje, una loma suave y una encina en su cumbre, rodeada de un manto suave de cebada. Es un árbol de mi infancia. Durante algún tiempo creí que había desaparecido, tal vez arrancado por voluntariamente por alguna enfermedad, o derribado por el viento o carbonizado por un rayo... Pero me equivocaba. Mi recuerdo era engañoso y lo colocó en una ubicación diferente a la real. Guille recorrió más de 20 km  para sacar aquella fotografía para mí. Miro en Propiedades del archivo. Creado: Lunes, 19 de diciembre de 2016, 13:14:32. Muy poco después, el uno de enero, se marchó para siempre. 

El rescate

Mi sobrina y sus amigas rescatan a una de las suyas de quedarse en el instituto sin ellas. La genética la ha maltratado. Le salen bultos de grasa en la cara. El trimestre pasado estuvo más tiempo en el hospital o encerrada en casa que en clase. Por si sola, o con ayuda de profesores de apoyo, consiguió superar todas las asignaturas menos la economía. Entre todas maquinaron un plan. Una vomitó en clase. Otra tiró el examen sobre el vómito. Cuando lo limpiaron, una de la otra clase sacó una fotografía a la hoja sucia. A mi sobrina se le da bien la economía. resolvió el examen fuera de clase y le pasaron los resultados al teléfono que habían disfrazado con una carcasa de calculadora. Hasta habían comprobado que la niña de los vómitos (a quien se le da muy bien potar a voluntad) sólo debía tomar esa mañana una infusión de manzanilla para que el papel manchado fuera legible.

Yo: Y tu madre ¿qué te ha dicho cuando se ha enterado?
Sobrina: No puede protestar. A mami la pillaron copiando. Tenía todos los muslos llenos de fórmulas.
Yo: Tu mami era muy gamberra cuando iba al instituto. 
Sobrina: Fue el verano pasado. En el curso de nutrición.

Mi amigo Mickey es profesor de la ESO. Se lo comento. Se encoge de hombros. Le parece bien. Está seguro que el profesor de economía se habrá percatado de la trampa, o de parte de ella. O lo habrá intuido porque un alumno mediocre o malo no mejora de repente. Las niñas sólo están proporcionando equilibrio a su compañera. La naturaleza se ha cebado con la cría y ellas la han rescato de la injusticia.


lunes, 19 de junio de 2017

El momento del adiós

Fran Rivera se ha convertido en una piñata para las redes sociales. En esta ocasión, por defender la memoria de un compañero de profesión de un puñado de trolls que para la mayoría sólo existen porque él les da importancia, ha utilizado un lenguaje barriobajero, inadecuado y soez. 

¿Se puede considerar el fallecimiento de Iván Fandiño una muerte laboral? 

Me importan los animales, pero más me importan las personas. Si en cualquier trabajo se produce una muerte, se intenta poner un remedio para evitar que vuelva a ocurrir. El toreo se puede llamar arte, Sun Tzu llamaba arte a la guerra; pero para algunas personas sólo es un trabajo, una forma descabellada de ganarse la vida. 

Los amigos del torero, sus familiares, los familiares de los toreros que continuarán jugándose la vida hoy, mañana o en la próxima fiesta de un pueblo, deberían exigir que se pusieran medios para evitar la muerte de los toreros: trajes que no se reduzcan a ridículas mallas rosas o que protejan los cuernos del toro para que no sean tan dañinos. 

¿Ridículas mis propuestas? ¿Eso no es toreo? ¿No sería el hombre contra el animal? Para quienes mis preguntas son afirmaciones, deberían avergonzarse y comprender que es inhumano, no por el daño que se les infringe a los animales durante las corridas de toros, si no por sacar placer, y no querer evitarlo, del riesgo de muerte que corre un puñado de personas por el simple disfrute de los espectadores. 

Al menos, ya que el derramamiento de sangre parece inevitable -del animal o del hombre-, deberían obligar a que junto a la plaza de toros, durante las corridas, permanezca una UVI móvil, o un helicóptero, que permita los traslados al hospital en el menor tiempo posible. Claro, que eso encarecería las entradas. ¿Tampoco se aceptaría esta propuesta? 

Tal vez, sin duda, es el momento adecuado para parar esta barbarie. 

domingo, 18 de junio de 2017

El amante

De todos los muebles que había en el apartamento, sólo he conservado una lámpara con ventilador incluido. Siempre quise tener una, aunque me parecían aparatosas e inútiles. Esta es muy bonita. Las aspas son de madera lacada del color del cerezo. Parecen la hélice de un avión antiguo. Tiene bombillas de bajo voltaje que, extrañamente, apuntan al techo. Cuando la hélice gira, el dormitorio se llena de sombras a intervalos regulares. Es hipnótico. Tranquilizador. Aunque sólo consigue remover el aire caliente, y espantar, tal vez, alguna mosca que se cuele por la ventana abierta. No refresca la piel pegajosa por el sudor, ni retarda que los cubitos de hielo se deshagan dentro del empalagoso zumo de piña y coco. El deshielo lo hace apto para mi paladar. El frío del líquido condensa en el vidrio las gotas de agua. Escurren por su superficie y empapan la servilleta de papel que utilizo como posavasos. El hielo, al cambiar de estado, hace ruido y se mueve dentro del líquido, como si tuviera vida animal. A esta hora, pasadas las cuatro, es fácil distinguir los ruidos de la casa. El exterior se ha sumido en el silencio; el extraño intervalo entre los que trasnochan y los que madrugan. Hoy, que es mi primera noche sin compañía en una semana, soy más consciente de los ruidos de mi alrededor. La extraña cercanía de la calle me hace recordar una película que vi hace mucho, y el libro en que se basa, que leí hace aún más. Unos amantes mantienen relaciones en una habitación protegida del exterior por unas puertas fraileras. No recuerdo si en la película la cercanía de los extraños excita a los amantes. Yo, lamento haberme dado cuenta de esa falta de privacidad demasiado tarde. 

La voluntad de Dios

Cierro los ojos antes de dormir y me esfuerzo en imaginar que fuera diluvia. Los meteorólogos prometieron tormenta estos días, y supongo que es una promesa cumplida porque hubo truenos y el viento que precede a la lluvia, pero fueron tan pocas las gotas caídas que han dejado cráteres limpios de polvo en la superficie monocromática de los coches. 

La realidad se impone a la imaginación. La ventana está abierta para que entre el aire fresco de la noche, aunque lo que se cuela principalmente, son las conversaciones de los paseantes nocturnos, tan desacostumbradamente cercanos -mi nuevo apartamento está a solo 3 metros de la rasante de la acera- que a veces me asusto por creerlos en mi misma habitación.

Hace un rato, a eso de la una, un hombre, con pocas ganas de llegar a casa porque su caminar era lento, pasó hablando por teléfono. Y lo hacía en un tono tan alto que delataba que su interlocutor estaba sordo, o tal vez adormilado, o  tenía poca cobertura. 

- En la misma zona, tío. Estuvimos en el mismo pueblo. Imagina que hubiera ocurrido un año antes, tío. Estaríamos todos muertos. Y hasta pensábamos ir este año porque el sitio es de puta madre. Unos paisajes alucinantes. Claro que ahora serán puro carbón. Porque Dios ha querido que este año me den las vacaciones en agosto, tío, que si no estarías en este momento preparando nuestros entierros. A la Tere le dije este mañana: Niña, compra una tarta que tenemos que celebrar la suerte que hemos tenido. Que podríamos haber sido nosotros....

Sumas que restan

Lo bueno de la separación, es que me he quedado con casi todos los amigos que teníamos en común. De Pere me apoderé casi de inmediato. Incluso antes de escapar de Barcelona y de la crisis económica. Éramos aliados, enamorados del mismo hombre. 

Hace unas semanas, más de cinco porque aún hacía frío, vino a visitarme, rebotado de Madrid. Lo había invitado Guille, pero de inmediato se dio cuenta que era un convidado de piedra. Siguió para abajo, para Andalucía, parapetado en una excusa de trabajo por si yo también le hacía un desplante. Fue divertido tenerlo por aquí. Como él dijo, hicimos cosas de chicas. Vimos películas romanticonas juntos, preparamos comidas exóticas sacadas de Internet y nos pintamos las uñas de los pies, para placer y disfrute de los posibles amantes, porque aún no era tiempo de sandalias. Una noche, acurrucados en la cama, intentamos ver Julieta; aunque a ambos nos gustan, por lo general, las películas de Almodóvar, nos quedamos dormidos en una de las primeras escenas. Cuando Julieta se encuentra con una amiga y le destroza los planes de marcharse de Madrid. El calor de las mantas y el cansancio nos hicieron caer en un sueño tan profundos que ni siquiera la estridencia de la música de la banda sonora nos sacó de él. A Pere, paradójicamente, lo despertó el silencio que siguió a la película, y al verme dormida a su lado, nos sacó una fotografía. La colgó en su Instagram con el comentario: ¡Ay, mami, a tu hijo lo han vuelto hetero! Todos sus amigos se lo tomaron por lo que era, una broma, menos Guille: Queca, eres patética queriendo darme celos así. Confieso que su comentario me dolió por demostrar lo poco que me conocía. Aquella fue la segunda vez que me había llamado patética. 

La primera ocurrió pocos días después de marcharse. Acepté la invitación de un compañero a compartir su estudio en El Rincón de la Victoria (aunque al final no ha dado resultado). Guille me llamó patética por salir escopetada cuando su socio se apoderó de nuestro antiguo estudio de Málaga. Nunca me gustó su compañero, y si lo toleraba era exclusivamente por él. Por supuesto, querer imponerse, aunque hubiéramos tenido alguna relación, era injusto; pero me hizo daño porque era la primera vez que me insultaba. 

La tercera vez que me llamó patética, aunque sí existió daño físico, no me dolió en absoluto. Nos peleábamos por los coches delante de los abogados, que debían de pensar que éramos críos enfurruñados por no querer ceder sus juguetes. Quiso quitarme un llavero, la anilla se me trabó en el pulgar. Me hice daño. Se inflamó de inmediato, y Guille me llamó patética porque no pedí hielo para evitar la hinchazón. Nada. En aquella tercera ocasión no sentí nada. 


lunes, 12 de junio de 2017

La trampa

Vuelvo a estar empadronada en Barcelona por algunos problemas con el piso de la Diagonal. No me gusta estar empadronada en Barcelona porque siempre, en todas las elecciones, me toca tirarme doce horas sentada a una mesa electoral. 

Cuando era pequeña, mi amigo Kiko solía llegar muy contento a su casa. Once contra uno y he ganado por 23 a 0... 32 a 0 ... 57 a 0. Cualquiera diría que era un as jugando al fútbol, pero el truco estaba en que sus contrincantes eran simples piedras colocadas en mitad del campo. 

¿Me tocará ser presidenta o vocal en una mesa electoral durante la grotesca votación por las independencia de Cataluña? En realidad son como mi amigo Kiko: juegan solos, sin contrincante. ¿Tienen alguna posibilidad de perder? Estás inventando un futuro idílico, irreal y fantasioso, sin problemas reales. ¿De verdad estaría Cataluña dentro de la Unión Europea? ¿No tendrían que pagar aranceles nuestros productos? ¿Tendríamos libertad para movernos por el territorio español sin visados ni pasaporte? 

Se gastarán un montón de dinero de nuestros impuestos en un referéndum injusto del que conocemos los resultados y aún así querrán legitimarlos. Sólo necesitamos saber el porcentaje. ¿Cuál será? 110% a -10%?

domingo, 11 de junio de 2017

Cazando peces

Mi madre tuvo que convencerse de que yo no había sido la culpable de la ruptura con Guille para que comenzara a consolarme. Él se lo pierde. El mar está lleno de peces

Tengo amigas nuevas. Me las presentó mi cuñada. Su grupo de viudas/divorciadas. Cuando salen de cacería, me arrastran como si temieran que fuera a perder una gran oportunidad. Pero salir a ligar sólo es una excusa para pasar un buen rato de charla, bromas, chismes y bebida. Siempre regresamos solas a casa. Me gustan mucho porque son excesivas, dramáticas, descaradas, divertidas... han conseguido librarse del temor al qué dirán. 

Hace unas semanas nos tomamos más en serio eso de ligar porque una de nosotras necesitaba un acompañante para una boda. Tuvimos una cita masiva con un grupo como el nuestro, pero masculino. En menos de media hora, el acompañante de mi amiga, la necesitada de compañía para una boda, le estaba preguntando si se le daba bien planchar, y a mí otro me aseguraba que con él no me iba a faltar de nada. Fue el único día que volvimos alicaídas a casa. Convencidas de que en el futuro sólo encontraríamos sujetos más necesitados de que le limpiaran el polvo a echar uno. preñeces cerveceras, machismo disfrazado de caballerosidad, camisas percudías...  

En el gimnasio encontré los polos apuestos a estos señores. Me quedé mirando el jarrete de un hombre joven que hacía spinning delante de mí. Tenía tatuada una imagen de la película Gantz:O. Su compañero se dio cuenta y se lo advirtió. Le aclaré que no le miraba el culo, como aseguraba su amigo, me atraía su tatuaje porque conocía la película. Los dos se llaman Javier, el del tatuaje y su sombra, y se parecen tanto que pueden pasar por hermanos, aunque no lo son. Estuvimos de cachondeo un rato, y tomándonos una cerveza. Cuando me iba, me ofrecieron hacer un trío. Confieso que dudé unos segundos, pero ese día también volví sola a casa.

No les he preguntado a mis nuevas amigas cómo consiguen satisfacer las necesidades sexuales. Son tan abiertas y sinceras... hay algunos detalles que prefiero no conocer. 



Por un puñado de lectores

He vuelto a los dictados con frases del tipo: La manta de lana de la cama la paga Paca. Aunque creo que no está dando resultado porque el otro día confundí pintar y pinzar. Me cuesta mucho hacer cualquier cosa que no sea maquinal. No por que aún siga lamiéndome las heridas -eso ya ha pasado a la historia-. La carga de trabajo ha aumentado de repente y ahora estoy sola. Tuve un becario, pero ya ha terminado. Antes caía algún proyecto importante cada tres o cuatro meses, y mucha paja del tipo certificados o pequeñas reformas. Ahora la paja continúa, pero los proyectos a los que hay que dedicarles más tiempo, han aumentado.

Creo que olvidar esa palabra, que se me ha hincado en el cerebro como una banderilla, y la indignación que me produjo un artículo leído ayer en el periódico, me han hecho volver.

"Posiciones sexuales para cuando él quiere y tú no": polémica por un blog que indigna a las redes, es el titular. Pero, ¿es esa realmente la noticia? O: La prensa y las redes sociales se alían para fomentar la polémica y las mentiras. En el mismo periódico donde sale esa noticia, no hacen caso a un arquitecto que estuvo encerrado durante 40 días cuando quiso entrar en EEUU como turista. Su delito: haber viajado a Siria hace seis años. La legalidad del secuestro no es noticia. A ese hombre le han robado más de 40 días de su vida: miedo, frustración, injusticia... no importa. El machismo inventado de una bloguera es más importante. Está bien que cierren ese blog, lo que no me parece correcto es que los periódicos lo consideren noticia. Están dando pie a que algunos blogueros sin escrúpulos vendan su moralidad por un puñado de lectores y por tener sus quince minutos de fama en los periódicos.

Pero, indignación aparte, después de leer los pocos consejos que aparecen en la noticia de La Nena, es inevitable preguntarse si a esa mujer le importa un ápice su pareja. Y si la puede manipular con tanta facilidad ¿se tratará de un aparato cilíndrico que funciona a pilas?, que pulse el botón de off y su problema se verá resuelto.





Las dos flores

Conocer la muerte de una compañera me hace mirar las fotos del colegio. La busco entre muchas caras que ya he olvidado por completo y otras que reconozco con las modificaciones del paso del tiempo. Margot, Margarita, Marga. Una de las empollonas de la clase. Había dos. Ella y Rosa. Creo que de la clase, yo era la única que las miraba con envidia. No eran amigas entre ellas; pero se complementaban y conseguían que la otra fuera aún mejor. Estaban en constante pique, queriendo superar a su contrincante. Puede que si el azar no las hubiera unido, sólo hubiesen sido estudiantes mediocres. 

Me gusta repasar las fotos antiguas. En la única que tengo en la que aparecen ambas, es de grupo, toda la clase bien formada. Rosa a la derecha, larguirucha y con expresión de superioridad, Margarita a la izquierda, mucho más baja y mirando a su derecha, como si quisiera escapar de aquella obligación. Cada una en un extremo, los corchetes que contenían a la mediocridad. Miro esas fotos e invento la vida de quienes desconozco el futuro que tuvieron después del colegio. De ninguna sabía nada, lo que me permitía fantasear. Las imaginaba juntas, en constante pique, compartiendo apartamento, en algún lugar importante donde sus superpoderes: sus inteligencias, fueran lo común, como la NASA o cualquier empresa informática de logotipo reconocido hasta en el más recóndito rincón del planeta. 

Pero no. Rosa estudió pediatría y ejerce en una clínica privada de Antequera y Margarita, empresariales, aunque nunca ejerció. Se casó pronto. Tuvo tres hijos y lleva dos años muerta. Una antigua condiscípula puso el recordatorio por el segundo aniversario de su fallecimiento en alguna red social y la noticia, como si fuera una pelota de goma, ha rebotado de un lado a otro hasta llegar a mi whatsapp. Los embarazos fueron acumulando peso a su cuerpo menudo hasta conseguir que su corazón, por el esfuerzo, estallara. 

D.E.P

miércoles, 24 de mayo de 2017

El anciano perdido

Hace unos meses le robé una conversación a un anciano. Pensé escribir una entrada con ella, pero creo que al final no lo hice porque no la encuentro (tampoco la he buscado con mucho ahínco).  A veces pienso en escribir algo, hasta busco las palabras precisas que pondré, pero al final, por olvido o por falta de tiempo, no lo hago, pero en mi mente queda el recuerdo de haberlo hecho. 

En una de las dos esquinas de la intersección de la calle Agustina de Aragón con Chueca de Granada, hay un local no muy grande y gafado. Hace unos meses un señor con barba impregnaba de hedor a esmalte sintético el aire, le daba a la brocha gorda, mutaba el color azul de una pescadería por el rojo de una carnicería. El anciano, un hombre consumido, momificado, todo huesos, entretenía al pintor vaticinando un futuro muy breve para su negocio. 

La carnicería abrió, y estuvo activa unas semanas, tres o cuatro. De repente, en la persiana roja, apareció un letrero en una hoja cuadriculada de cuaderno: Estamos de vacaciones. Volveremos. Perdonen las molestias. ¿Quién se va de vacaciones cuando acaba de abrir un negocio? Según mi vecina, que todo lo sabe, sanidad le había puesto algunas pegas que debían subsanar. A las pocas semanas la carnicería volvió a abrir, pero con otro dueño. Cada vez que pasaba por aquel comercio, estaba completamente vacío. Un reluciente mostrador con trozos de carne perfectamente ordenada que podía ver al pasar por la calle porque nunca había clientes que me entorpecieran la vista. El azar hizo que en algunos días mi camino esquivara el local. Hoy he vuelto a ese cruce de calles y sobre el letrero de CARNICERÍA, hay otro de papel que pone: SE ALQUILA. 

El local, cuando aún lucía los colores de la pescadería


Inevitable recordar al anciano, y al hacerlo me he dado cuenta que hace mucho que no lo veo. Espero que todo se deba a la casualidad. Que nos hayamos convertido en dos imanes de polos iguales y que cuando yo camino por una calle, él acabe de doblar por cualquier esquina, escapando a mi vista.

Idos de la pinza

Cuando a mis compañeras de primaria le preguntaban por el día más feliz de sus vidas, lo tenían fácil. Fuera verdad o no, siempre aseguraban que había sido el de su primera comunión. Han pasado más de 30 años, pero para mí fue un momento aciago que aún no he logrado olvidar: ese día tuve conciencia del verdadero significado de la muerte. También fue como una despedida oficial a mi padre. Murió pocos meses después, en septiembre.

No puedo evitar mirar con pesar a los niños disfrazados para su primera comunión. Los observo y me pregunto qué estará pasando por sus mentes. ¿También se sentirán al borde de un abismo porque saben que un día dejarán de existir y no tendrán conciencia para percibir el paso del tiempo? 

El mismo sábado que se celebraba el concurso de Eurovisión, asistí a la comunión del hijo de unos amigos. Diez años recién cumplidos y metro y medio de esqueleto desgarbado, incómodo por los zapatos que le estaban moliendo los pies y la corbata que le cortaba la respiración. 

Si hubiera leído una de las últimas entradas en el blog del juez Calatayud, me habría acordado de él en cuanto me acerqué al cortijo donde se celebraba la comunión y lo vi rodeado de coches. Más de ochenta invitados (a la boda de mi hermano mediano no llegaron a diez). 

Todo fue tan desproporcionado que, llegado un punto de la noche (la comunión duró de las 6 de la tarde a las 2 de la madrugada), me pregunté si se iban a apagar las luces y aparecer un puñado de stripper. 

Y aún así, la madre se quejaba. Había previsto que la comunión se celebrara por la mañana, y que la fiesta durara todo el día, con capea incluida y matanza. Pero el cura y el veterinario se habían negado. 

Cuando la mujer mencionó la matanza, señaló con la cabeza una de las mesas con comida: jamón asado, lomo a la pimienta, pinchitos morunos, chuletas... Entre las bandejas y platos había fotografías de un cerdo rosado y gordo, y bajo las fotos, un nombre: Lucero.


martes, 23 de mayo de 2017

Condensando el tiempo con números

Un trío.

Dos comuniones. Una convencional. Otra, tipo boda.

Tres lugares nuevos donde vivir. El despacho del Rincón de la Victoria salió rana. Demasiado lejos para los clientes. He tenido que volver a Málaga. He alquilado un apartamento. Es pequeñito. Cómodo. El estudio de la calle San Antón lo conservo, pero sin los muebles que lo convertían en una vivienda, parece diferente. Más grande. Inmenso.

Cuatro abogados. Tres de Guille, una mía.

Cuatro coches. Tres para Guille, uno para mí (es como si la imposición y el prevalecer de los derechos no dependiera de la justicia, si no del número de abogados que se tiene). 

Cinco fotografías, en vida, del cadáver que nos comimos. Una mirando indiferente a la cámara. Otra tumbado en la hierba. Dos entre sus compañeros de San Martín. Otra caminando hacia el horizonte, enseñando las posaderas y un, supongo, gracioso caminar que la fotografía no captó. 

Seis días de visita de Pere.

Siete proyectos. El más frustrante, la ampliación de un cortijo cerca de Alcaudete. La burocracia es una puñalada al sentido común.

Siete los meses de gestación del bebé de Guille. Mi exsuegra, que no parece feliz con la nueva situación y ha dejado de culparme de lo ocurrido, lo llama Naranjito porque dice que el tamaño de la cabeza del niño es como una naranja. 

Seis, las visitas que he hecho al psiquiatra. Por tranquilizar a mi familia. Temían que cayera en una depresión. Lo único que he sacado, además del dinero de los bolsillos, es un montón de pastillas que algunas amigas miran como si fueran golosinas. 

Cinco nuevos amigos.

Cuatro... no hay cuatro.

Tres, las ventanas que tiene mi nuevo apartamento.

Dos, las veces que se ha caído una niña que está aprendiendo a patinar en el parque al que da la ventana por la que miro. 

Una, yo.

miércoles, 12 de abril de 2017

El señor que se sienta sobre su cerebro

La inteligencia no es una de las cualidades con las que me ha bendecido la mezcla de genes maternos/paternos. Tengo otras, pero de inteligencia ando más bien justita. Por eso, cuando leí que Fran Rivera, sobre los animalistas, preguntaba: Para ser antitaurino, ¿hay que dejar de ducharse?, pensé que algo se me escapaba, que no llegaba a comprender el sentido oculto de la frase o a pillar la ironía. Pero no, simplemente no había más; y al parecer, tampoco en su cerebro. Adobó una trola (sólo los antitaurinos marranos no se duchan, porque antitaurinos seguro que hay de todas clases, igual que taurinos) con intolerancia (la gente se viste y va como puede y como quiere y se siente más cómoda). 

En fin, si la tauromaquia depende de sujetos como éste, los antitaurinos tienen el trabajo hecho. 

Impasse

Ando peleándome con los abogados. No esperaba que esta situación cansara tanto, agota y entristece hasta las lágrimas. Lo que antes tenía un claro dueño: tuyo, mío; ahora, si la posesión era mía, se convierte en nuestra; si era de Guille, sigue siendo suya exclusivamente. La situación se ha desmadrado hasta extremos inimaginables. Guille suele gritar antes los abogados: Joder, Queca, hazlo fácil. Exigiendo que acepte alguna injusticia sin protestar. 

Me pregunto si Guille me quiso alguna vez. Recuerdo algunos gestos de ternura y todo se vuelve aún más confuso. La última noche, sin venir a cuento, me besó el hombro. Y el día anterior a ese, fue pegajoso como una lapa. ¿Fingía?

Lo malo es que la lucha no ha hecho nada más que empezar. 

jueves, 23 de marzo de 2017

El pajarito que susurra al oído

Cometo muchas faltas ortográficas; las normales, como toda la gente, al comerme haches o poner una "v" en lugar de una "b", pero también cometo errores al escribir, por ejemplo, cama en lugar de cara. Este blog se llama Sin Escrúpulos precisamente porque no demuestro tenerlos al no cesar de juntar palabras y esperar que alguien sea capaz de comprender qué quiero decir.

En la última entrada cometí un error garrafal. Escribí Arcollano en lugar de Alcoyano. Pero en esta ocasión no fue la dislexia la que me jugó una mala pasada. Fue un aprendizaje incorrecto. Uno de mis profesores de estructuras, cada vez que sus alumnos demostrábamos tener esperanzas en que sucediera algo improbable, como que el examen fuera fácil, nos solía decir: Tenéis más fe que el arco llano, que en realidad es una viga y terminará colapsada. Ahora supongo que lo de mi profesor de estructuras era un juego de palabras y no desconocimiento de los orígenes del dicho: Más fe que el Alcoyano

Gracias al pajarito que me susurra mis meteduras de pata.

martes, 21 de marzo de 2017

Más fe que...

En la cafetería que desayuno todas las mañanas vemos a Donald Trump como uno de esos locos que llevan un sombrero de papel de aluminio para impedir que la CIA le robe las ideas o le lea la mente. Hace unos días un mochilero norteamericano nos reprochó que nos riéramos de su presidente de esa forma.  ¿Es que a ustedes les gustarían que se burlaran de su presiden en el extranjero? La respuesta fue un unánime: Ya lo hacen. Hoy día la política está llena de bufones. El mochilero incluso quiso participar en nuestra porra de cuánto tiempo tardará en ser destituido. Él apostó que estará en el cargo 2.922 días. No comprendió por qué, desde ese momento, el camarero empezó a llamarlo Mr. Alcoyano

lunes, 20 de marzo de 2017

Después de la tempestad

Dice mi prima Carmen que la única diferencia entre estar casada y divorciada es que la casada tiene un único hombre para todo y la divorciada tiene hombres para todo. Ella ya lleva tres maridos, sabe de lo que habla. Asegura que durante meses sentiré rabia cuando piense en él, luego un ligero resquemor y finalmente indiferencia. Yo asiento, conforme, ella es la maestra en este tema. No le digo que lo que realmente siento es una extraña sensación de libertad. Cuando estaba atada a Guille, aunque él nunca se quejó o quiso impedírmelo (lo único que le desagradaba eran mis salidas nocturnas para correr), si salía con alguna amiga cuando él no estaba aquí, me sentía culpable, y apresuraba el regreso a casa por si me llamaba al fijo y no estaba. Llegué a pensar que había cambiado, que la edad me había vuelto más casera y había dejado de gustarme tomarme unas copas con los amigos para celebrar el comienzo de la libertad del fin de semana. Me equivocaba. Lo único que no me gustaba era la sensación del incumplimiento del deber. En cinco semanas he salido y me he divertido más que en cinco años. Puede que esta nueva situación no esté tan mal.

domingo, 19 de marzo de 2017

Demasiado buena para nosotros

Me gusta regresar a casa y toparme con un camión de la mudanza a las puertas del bloque. Hay tantos pisos vacíos, que por lo general es alguien que llega. Los estudiantes viajan ligeros de equipaje; el coche de papá o mamá cargado hasta los topes les sobra. 

El último traslado vino precedido por el ruido, durante meses, de obras en uno de los pisos. Fue molesto, aunque estamos acostumbrados porque este edificio es viejo y necesita a menudo reformas. 

Una de las cajas de la mudanza se había roto y desparramado por el rellano, delante del ascensor, un puñado de libros de Tagore. Inmediatamente pensé que el nuevo vecino sería alguien interesante. Mi vecina del segundo izquierda, que se entera de todo (a veces creo que antes de que suceda), me contó que se trataba de una señora de unos 60 años que había sido secretaria en un sindicato, pero que ya estaba jubilada. 

Pronto nos permitió conocer que ser lectora de Tagore no implica ser tolerante ni comprender el funcionamiento de una comunidad democrática. Dos días después de la mudanza empezó con las exigencias. Quiere que no dejen alquilar los pisos a personas que no sean españolas, quiere que se cambie el horario en el que no se puede hacer ruido, de las 11:00 h que tenemos ahora, a las 10:00 y por las mañanas de las 7:00 h a las 8:00, porque se adapta más a su horario. Quiere que la gente no abra las ventanas cuando cocina para que no apesten el patio de la comunidad. Quiere que no se permitan las mascotas y los que ya las tienen, que tengan un plazo de un año para deshacerse de ellas. Incluso quiere que se cierre con llave la puerta del torreón de la escalera, donde tendemos, y que sólo se le dé a la gente de confianza. 

Puede que con el tiempo, cuando se convierta en una de los nuestros y se adapte a la comunidad, sea una gran persona, pero, de momento, ha caído a todos como un grano en el culo. Incluso a mi vecina del segundo, que es capaz de sentir compasión por el propio Bárcenas, le es antipática. El día de la junta de la comunidad en la que se dio a conocer, mi vecina del segundo, después de escucharla echarse flores a sí misma, le dijo: Es que es usted demasiado buena para nosotros; la nueva le dio las gracias, sin captar la ironía. 

sábado, 18 de marzo de 2017

Ni los unos ni los otros

Si mi madre fuera la presidenta de la RTVE habría muy poca variedad de programas. Ya han dejado de gustarle esos cutres de Tele5, infinitos, en los que un montón de personajes extraños comían, gritaban, se insultaban, lloraban y hacían las paces, como si fuera un bucle, constantemente. La han saturado y ya no puede verlos ni en pintura. Ahora le gusta una serie alemana: Rex, va sobre un perro policía; y algunos programas de reformas de viviendas norteamericanas o de casas de empeños. 

Si el presidente fuera alguno de mis hermanos, sería una interminable sucesión de carreras de motos, de motrocross, trial.. cualquier entretenimiento de carreras con vehículos a motor. 

Si lo fuera mi amigo Pere (se lo he terminado de robar a Guille), sólo echarían casquería fina. Por casquería se refiere a programas del corazón, pero con personajes refinados, no esperpentos tipo Belén Esteban. 

Si fuera mi cuñada, sería una sesión interminable de programas de gimnasia. Tiene la convicción de que puede adelgazar viendo hacer ejercicio a otros. 

Mi sobrina se decantaría por youtubers hablando de moda.

Y yo, por conferencias de literatos. Vetaría a alguno. Creo que la parte sobrante del cerebro de Willy Toledo está dentro del cráneo de Sánchez Dragó.

De toda la gente que conozco, creo que sólo mi vecina del segundo izquierda optaría por meter entre programa y programa alguno religioso. Le gusta ver las procesiones por la tele, aunque si se asomara al balcón, podría disfrutarlas igualmente, y olerlas. 


Soy atea. Creo que la religión perjudica más que beneficia, al menos, en este momento de la historia. Pero aún hay mucha gente que practica los ritos católicos. Si pretenden gobernar algún día este país, ¿pueden ir contra una gran mayoría de ciudadanos y negarles sus necesidades sólo por no compartir sus ideas? El fútbol también incita al odio, incluso produce heridos y muertes entre forofos de equipos contrarios. Pero no doy ideas... Tampoco creo que el fútbol nos beneficie socialmente, pero también estoy en contra de que dejen de emitirlo por la televisión pública.

Si no hubiéramos puesto tantas esperanzas en Podemos, ahora no nos dolerían tanto cada una de sus majaderías e injusticias.


martes, 14 de marzo de 2017

Lo efímero de lo nuevo

Mi compañero Nicolás me llama desde Italia con la excusa de hacerme una pregunta sobre estructuras. La pregunta es una nonada, que él puede resolver mucho mejor que yo. En realidad quería saber cómo me encontraba. La gente, desde la separación de Guille, me trata como a una viuda a la que hay que consolar. Me extraña que aún a nadie se le haya espado un pésame. 

Su pregunta y Guille de inmediato desaparecen, en cuanto comienza a contarme qué hace en Italia. Lleva desde principio de año por aquellas tierras, moviéndose de un lado a otro, estudiando los daños que los recientes terremotos han causado en el hormigón y el acero de las estructuras. Dice que toda Italia se cae de pura vieja, menos los monumentos, en un estado mucho mejor que algunos edificios recién acabados. Se duele, cree que es culpa de la corrupción. Un constructor con el que ha trabado amistad, le confiesa que el estado ha dado dinero a espuertas para la reconstrucción de las zonas afectadas por los terremotos, pero que todos los cargos y medios cargos, cualquiera que tenga un ápice de poder, quiere rebañar de ese dinero que piensan que no es de nadie. El dinero que queda realmente para la reconstrucción, cuando queda algo, no llega ni para hacer chapuzas semejantes a las que los terremotos han derribado. 

Tal vez no toda la culpa la tenga la corrupción. Ayer concluí un informe para un edificio que se terminó de edificar en 1967. El tiempo no le ha hecho ni un rasguño, exceptuando el estético por el cambio de gusto (sobre todo en los azulejos de los baños y las cocinas). Hoy, como contraste, fui a ver un edificio en la zona norte acabado en el 2000 para hacer un informe económico sobre las reparaciones que necesita. De momento ascienden a 157.354,07 € y sumando. Se han aliado la mala construcción original y la barbarie entre sus inquilinos (incluso hay un pilar al que han golpeado hasta hacerle saltar parte del hormigón que recubre las armaduras, la dureza de los materiales parece haber persuadido a la bestia que lo hizo de continuar). 



¿Estamos intentando hacer, inconscientemente, que los edificios que habitamos sean tan efímeros como nosotros?

jueves, 9 de marzo de 2017

Nos la cogemos con papel de fumar

Que un alcalde del PP suelte el día de la mujer: La mujer es capaz de sangrar sin cortarse, es capaz de dar a luz sin corriente e incluso algunos dicen que es capaz de tocar las narices sin ni siquiera acercarse, es una chorrada. Que alguien quiera ver machismo en esa frase, es otra chorrada. La verdad es que sangramos (y a veces como un surtidor) cada vez que tenemos la menstruación. La frase: es capaz de dar a luz sin corriente, incluso se puede considerar reivindicativa porque aún hoy existen partos (y sobre todo abortos) que se producen en situaciones muy precarias. Y somos capaces de tocar las narices a distancia como cualquier hijo de vecino.



Criticar a Emma Watson porque ha posado sin sujetador para una revista, es machismo. Es mayor de edad, no atenta contra las libertades ajenas ni comete ningún delito. Hace mucho que pasó el tiempo en el que una mujer debía pedir permiso al padre o marido para tener un trabajo, viajar sola o abrir una cuenta corriente. 

Pero sobre todo, machismo es que un hombre cobre más dinero que una mujer por el mismo trabajo y no exista ninguna ley que lo convierta en delito. Es machismo que sea algo tan habitual que ni siquiera escandalice. Y es machismo que el día, supuestamente reivindicativo de la igualdad, se le dé más importancia a las chorradas dichas por un alcalde del PP que a las desigualdades consuetudinarias reales en el trabajo y la vida cotidiana. 

domingo, 5 de marzo de 2017

Hinchazón del ego

Por fortuna, de la casa de mi madre ha desaparecido la habitación de los trofeos. Cualquier premio que ganáramos o diploma que nos concedieran, por insignificante y masivo que fuera, ella lo colgaba en sus paredes o se convertía en un objeto más saturando las estanterías y vitrinas. Lo malo es que regularmente me requería para que les limpiara el polvo. 

Cuando hace unos días anunciaron que un estudio catalán de arquitectura había ganado el premio Pritzker, dio la casualidad almorzaba con mi madre en su casa. No te preocupes, seguro que en poco tiempo tú también ganarás premios de esos, dijo. Algunos padres tienen tanta fe en sus retoños, que resulta enternecedor. 

No le dije que la arquitectura que hago yo no gana premios. La mayoría de los proyectos que salen de mi estudio son casitas entre medianerías con elementos constructivos estándar, para personas de una economía media y realizadas por constructores acomodados en lo aprendido hace años. Estoy cómoda en la posición que me ha tocado jugar en mi profesión. Aunque a veces, mientras proyecto algunos detalles solicitados por los clientes, susurro: Perdón, Juan Domingo (uno de mis profesores más admirados). 

Lo hice la semana pasada, mientras buscaba al marmolista para que hiciera medias columnas salomónica para adosar junto a las jambas de la puerta de un cliente de un gusto algo retorcido.  No se lo advierto a mis clientes, pero en estas ocasiones recurro a un marmolista que, principalmente, hace lápidas o pequeños trofeos de mármol. 

La primera vez que fui a su taller avergonzada con uno de esos diseños excesivos y raros de un cliente, me enseñó el trozo de mármol que estaba grabando. Un tal Jesús -no recuerdo los apellidos- había ganado el primer premio de fotografía interurbana de Liechtenstein. Aquel sujeto se solía otorgar con regularidad algún que otro premio. El marmolista pensaba que el sujeto era un engreído insoportable y un mentiroso patológico. Yo, en aquella primera ocasión, creí que el tal Jesús tenía un sentido del humor muy fino; pero la segunda vez que me topé con uno de sus auto concedidos premios, supe que el marmolista tenía razón: Premio al mejor fotógrafo en la semana de la moda de Madrid. 

Por fortuna el precio de las cosas se alía a menudo con la estética. Las columnas de mármol salían demasiado caras para el presupuesto de mi cliente. 

El tonto que vino del frío

Son divertidos mis compañeros del desayuno. Los parroquianos, como ellos mismos se llaman, del bar que tengo justo en frente de casa. A primera hora de la mañana vamos llegando, nos sentamos en los mismos lugares de siempre, a no ser que un no habitual haya invadido el espacio de alguien, y ese alguien debe buscar un nuevo sitio, sin invadir los asientos que, aunque vacíos, sabe que estarán ocupados en breve. No conocemos nuestros nombres, aunque nos vemos casi todas las mañanas. Yo antes era pitufo de jamón con té. Ahora soy la divorciada. Los dos señores de la manchada con media de tomate se han auto bautizado como Los Abuelos Cebolleta, aunque ninguno es abuelo ni viejo. Son ellos los que suelen pedir al camarero que conecte la televisión con la frase: A ver con qué majadería nos sorprende hoy el Bobo. Nadie pregunta quién es el Bobo. Ni siquiera los eventuales. 

Mi madre, que lleva media vida bregando con militares, dice: Dale un poquito de poder a un tonto y se creerá Dios. Obliga a la gente a hacer caso a ese tonto, y les hará la vida imposible. Por desgracia, mi madre conoce muy bien la jerarquía militar y se ha tenido que enfrentar a muchos de esos lerdos. 

Ahora mis parroquianos tienen la teoría de que Trump es un espía ruso, un topo que se infiltró tan bien que ha llegado a la Casa Blanca. La hipótesis de mis compañeros de desayuno tiene mucho más fundamento que algunas de las teorías de la conspiración del presidente estadounidense. Aseguran que el aspecto físico de Trump es más ruso que el del propio Putin o el de Gorbachov. Están convencidos que si lo desenroscan por la cintura, aparecerá otro Trump más pequeñito que a su vez esconderá otro más pequeño y otro y otro... Y que si le hacen un análisis de sangre descubrirán un puñado de glóbulos rojos nadando en vodka, lo que daría sentido a muchos de los sinsentidos que teclea en Twitter. 

Gracias a Trump empezamos el día con una sonrisa. Lástima que a menudo se nos congele en la cara al escuchar cosas como que piensa aumentar el gasto armamentístico un 10%.

jueves, 16 de febrero de 2017

Soy menos que un grano de arena

Una de mis compañeras de piso durante mi primer año de carrera había estado tan reprimida durante su infancia y adolescencia, siempre al amparo de sus padres, que en cuanto se vio libre de ellos no supo utilizar su libertad. Se tiró a todo bicho viviente que se le acercara y se bebió todo líquido que tuviera alcohol, y se lo encontrara a su paso (menos mal que en el botiquín sólo teníamos agua oxigenada para desinfectar las heridas). Fue una suerte que no pillara ningún parásito porque su único método anticonceptivo era enjuagarse las entrañas con una coca-cola a presión, después de agitarla. 

En una ocasión esta compañera cogió tal cogorza que creímos que iba a morirse. Vomitó por todo el pasillo, vomitó en su habitación, echando a perder los apuntes de su compañera de cuarto; vomitó en el baño, dentro y fuera del inodoro. Y al dejar de vomitar, cayó una inconsciencia que creíamos un coma etílico y la llevamos al hospital. Cuando le dieron el alta nos prometió que no volvería a hacerlo. Lo repitió mil veces y se hizo la víctima. Pero poco importaban sus promesas. La casa apestaba a vómito y tuvimos que limpiar su porquería a pesar de nuestra repulsión. También se había echado a perder toda una noche de sueño y los apuntes de una de nosotras. No sé si esta compañera de piso cumplió su promesa. Al poco tiempo me mudé y no volví a verla en algún tiempo.

Me gustan los muebles de Ikea. Son cómodos. Puedes encontrar la misma mesa de escritorio en Barcelona y en Málaga (en Granada aún no tienen tienda). Para alguien como yo que paso tanto tiempo delante del ordenador es práctico porque te puedes poner a trabajar sin necesitar ni un segundo para adaptarte al nuevo mobiliario. Aunque el tiempo termina machacando la semejanza: accidentes que producen agujeritos en la madera, roce constante que desgasta las aristas, manchas por culpa de un bolígrafo traicionero... 

Ikea ha editado en Israel un catálogo sin mujeres para satisfacer a los judíos ultraortodoxos. Al parecer hay religiones tan retrógradas que la existencia de la mujer ofende. Los de Ikea podrían haber optado por no habitar sus ambientes hogareños; o podría haber colocado maniquís asexuados o personas andróginas. Para satisfacer a un puñado de señores han ninguneado al 52% de la población mundial. Como no existo, o como alguien semejante a mí de la religión judía no existe, creo que lo más apropiado es que me convierta en uno de los personajes femeninos de su catálogo: si no existo, no puedo gastar ni un euro en sus productos. 


miércoles, 15 de febrero de 2017

El día de la marmota

Mi cuñada cree en el karma. Está convencida que las cosas malas les pasa a las malas personas. Negar que Guillermo ha sido un poquito hijo de puta con la forma de dejarme, sería mentir. Cuando se enteró que su clavícula había quedado como una galleta pisoteada, afirmó que eso había el karma, o un castigo divino, que para ella viene a ser lo mismo. 

Al dolor producido por la operación y el destrozo de la clavícula, se debe añadir el vecino de habitación que Guillermo tuvo en el hospital. Sólo había una televisión y el hombre se adueñaba de ella desde primera hora de la mañana hasta las once, hora a la que pasaba una enfermera con los calmantes de la noche y obligaba a apagarla. En mi primera visita el hombre tenía puesto un programa de lo más extraño y bochornoso: Las Kardashian. Un grupo de mujeres  manufacturadas interpretaban que iban de vacaciones y se enfadaban. Se supone que los espectadores deben creer que los personajes se enfadan entre ellos de verdad, sin actuación. Tal vez esa pretensión es lo más patética. Lo único bueno del programa es el doblaje. Al personaje principal le han puesto una voz de niña mimada y cursi que delata lo que piensan los dobladores del programa. Espero que tuvieran un plus por peligrosidad: inminente muerte de neuronas. Estuve con Guillermo unos cinco minutos, salí a hacer unas compras. Dos horas y media más tarde, el programa seguía igual, invariable. Mismos personajes, misma situación, mismo falso enfado. Era como un bucle que se repetía y se repetía y se repetía y se repetía... 

martes, 14 de febrero de 2017

El amor mata

Hay una telaraña en el techo, en una esquina. No parece habitada. Cuando tengo abierta la ventana el aire la hace temblar. No sé cuánto tiempo lleva ahí. Puede que años. Antes el sofá estaba colocado de otra forma y ese rincón era un punto ciego. El estudio llevaba sin limpiarse semanas, desde finales de año. Llegaba de la obra y caía rendida en el sofá. A veces ni siquiera era capaz de llegar a la cama, simplemente desconectaba y el relente de la madrugada y la baja temperatura, que parecían tener la capacidad de atravesar el vidrio doble de la ventana, me despertaban. 

A principio de mes busqué a la limpiadora que venía antes de la crisis, pero sólo sé su nombre y he sido incapaz de encontrarla. Me gustaba, era muy agradable. Me enseñó a comprender que su trabajo, además del esfuerzo físico, requiere mucha paciencia porque debe lidiar con los inquilinos de los pisos a los que pertenece las escaleras que limpia. Algunos son como animales salvajes incapaces de contener su necesidad de gresca.

En su lugar ha venido una chica que no se decide por cuál es su nombre: María José, Jose, Jo, Pepi... Es tímida, habla poco, casi nada. Cuando no estoy pone música mientras limpia: la he escuchado a través de la puerta. Cuando estoy es muy silenciosa. Su parquedad de palabra es beneficiosa: esconde el hervor que le hace falta. 

Ayer venía con un apósito cubriéndole el cuello. ¿Qué te ha pasado? ¿Algún accidente laboral? Qué va. El regalo por San Valentín de mi novio. Tenía un buen tajo bajo el vendaje, aunque sólo necesitó puntos de mariposa, esos que son como pequeñas tiritas. Junto a la herida, el nombre de Chili tatuado. Pero su novio actual se apoda Macana. Pensó que sería un bonito regalo quitarse el tatuaje. Estaba convencida que podría retirar la piel superficial como si fuera una pegatina. Por fortuna el dolor la detuvo. Se tienta su propio cuello. Me obliga a tocárselo. ¿Sabes que por ahí va una vena gruesa como un dedo que si la cortas te desangras en un minuto? El médico que la curó se lo dijo. 

El hospital de Cristo

Soy gilipollas, lerda o tontita, dependiendo de quién me califique: mis hermanos, mi cuñada o mi madre. Guillermo se destrozó la clavícula en el trabajo y necesita a un familiar que lo acompañara en la ambulancia de Madrid a Barcelona. En Madrid lo operaron, le colocaron lo que en las radiografías parece un peine metálico. Pero quería pasar la convalecencia bajo el amparo de las faldas de su madre y su seguro privado le pagaba el traslado en ambulancia. No pregunté por qué no lo acompañaba mi sustituta, aunque soy capaz de adivinar media docena de razones. Cuando nos íbamos la vi de refilón diciendo adiós y siendo respondida. Es una perroflauta, flaca, un esqueleto con piel lamida sobre los huesos y un vestido colgando de ellos. Incluso el pelo, muy corto y compacto, parecía pegado al cráneo como algo artificial. No sé por qué intuyo que tendrá una trenza fina y larga con un cascabel en su punta. Se lo preguntaría a Guillermo, pero ya ni siquiera tenemos una relación de simples conocidos. Es incómodo hablar con él. 

El conductor de la ambulancia me preguntó si quería ir en la parte de atrás acompañando a Guillermo o a su lado. Opté por ocupar el asiento de copiloto. Gané porque el hombre, un señor de unos 50 años, o tal vez más joven pero con la piel muy vapuleada por los rayos del sol, era muy entretenido. Parecía un comediante soltando un hilarante monólogo. Me pasó su teléfono para que mirara las fotografías de lo que parecía un fortín militar. Un edificio digno de ser protegido por cultura, pero muy mal conservado. El moho y verdín convertían en jardín el color gris de sus paramentos, y los carcomía. Las ventanas eran minúsculas, con rejas y las escaleras tan destartaladas, con bordones de madera y huellas rehundidas por las losetas desgastadas, que parecían más apropiadas para producir accidentes que para salvar desniveles. El lugar era un hospital cerca de Lisboa, en Setubal. El anterior trabajo del conductor de la ambulancia había sido ir a recoger a aquel hospital a un mochilero español que se había caído y roto el tobillo por tres partes. Asegura que cuando los médicos operaron al chaval lo dejaron como a Dios: con un clavo enorme atravesándole la pierna de parte a parte.


domingo, 5 de febrero de 2017

¿Quién no ama a Donald Trump?

Los clientes del bar al que voy a por las mañanas aman a Trump porque las noticias a primera hora del día son muy entretenidas por las burradas que se le ocurre y vomita el presidente estadounidense.

Los periodistas aman a Trump porque sus majaderías les llena la mitad de las páginas de los periódicos.

Los humoristas aman a Trump porque es un personajillo digno de convertirlo en una parodia. 

Los rusos aman a Trump porque, gracias a un vídeo sexual, lo tienen agarrado por los huevos.

Los chinos aman a Trump porque están convencidos que con él de presidente, EEUU dejará de ser el país más importante del mundo y están presto a tomar el relevo.

Las feministas aman a Trump porque la misoginia del presidente les hace todo el trabajo.

La jurisprudencia norteamericana ama a Trump porque está convencida que, como siga por el mismo camino, podrá darle una patada en su enorme trasero.

Los comerciantes europeos aman a Trump porque ante el proteccionismo de EEUU y las futuras contra réplicas, ve abrirse nuevos mercados.

Los mexicanos aman a Trump porque el utópico muro que planea hacer evitará que los estadounidenses emigren a México cuando las leyes en EEUU sean insoportables para los ciudadanos medios.

Los canadienses aman a Trump porque sus leyes retrógradas y arcaicas convierten a Canadá en un país aún más civilizado.

Los traficantes aman a Trump porque los aranceles con los que planea gravar algunos productos extranjeros ampliará su comercio.

¿Hay alguien que no ama a Donald Trump?








jueves, 2 de febrero de 2017

La verdad de los otros

Willem Dafoe, Alan Rickman, Danny Trejo, Robert Englund, Glenn Close... Hay personas lastradas con la falsa alma que reflejan sus rostros. Estamos tan acostumbrados a ver a los anteriores actores en papeles de malos que, a pesar de su calidad interpretativa, nos cuesta mucho aceptar a un personaje bueno con la boca de Willem Dafoe o las ojeras de Danny Trejo. 

Es extraño la relatividad del tiempo. A principio de esta semana, que en acontecimientos parece tan densa como un mes, fui a Barcelona para recoger una documentación de mi piso de la Diagonal. Mi ex suegra (he tenido que rebobinar para añadir el ex) me invitó a su casa. Había guardado todas mis cosas en una maleta: dos vestidos de esos que sólo me pongo cuando voy a verla, ropa de verano, ropa de dormir, algunos productos de higiene y lo único que para mí tenía algo de valor: una chaqueta de motorista que, según mi madre, tiene más kilómetros que el baúl de la Piquer (una folclórica antigua).

¡Oh, accidente! Un bote de leche hidratante y el dentífrico se habían abierto. La pasta de dientes no se derramó, pero la leche hidratante pringó hasta el forro de la maleta.

Cuando me iba, mi ex suegra estalló: ¡Cómo te has atrevido a hacerle eso a mi hijo? ¿Dónde vas a encontrar un hombre mejor que él? Se te debería caer la cara de vergüenza, so...

Así fue cómo me enteré, a principio de semana, que el papel que me toca hacer en este mundo, y que tardaré mucho en poder deshacerme de él, es el de puta.

sábado, 28 de enero de 2017

La parte contratante de la primera parte...

Es sábado por la noche y debería estar imitando a Jesucristo en el milagro de convertir el agua en vino. Dicen que el 70% de nuestro cuerpo es agua; parte de ese 70% de mi cuerpo ahora mismo debería ser vino: un par de amigas me invitaron a salir de jarana esta noche. El cumpleaños de una de ellas fue hace un par de días, pero lo celebra hoy. Tuve que declinar la invitación porque una pericial me tiene el culo pegado a la silla y los ojos a la pantalla. Al menos hasta que la tercera lectura del tocho (188 páginas) me ha hecho desistir: creo que no está en escrito en cristiano. No me entero de na'. Mi cerebro ya está saturado. 

A quo, in péctore, otrora, vivendi... Esto sólo en el primer párrafo (siete líneas) que he cogido al azar. 


¡GRACIAS!!!!!!!!

Aunque también deberían incluir a los notarios. La semana pasada un cliente me trajo una carta de su notaría. Cinco folios, arial 8, espacio simple. Tanto papel y tantas letras para solicitar el libro de la obra de la vivienda del cliente (¡manda huevos!).

jueves, 26 de enero de 2017

Los hijos de puta se creen santos

  • Unos anormales escriben unos mensajes relacionando la muerte de Bimba Bosé con la homosexualidad.
  • Fran Rivera -un torero- llama hijos de puta a los zoquetes que escribieron los mensajes. 
  • Hace tres años un cura y un presentador relacionaban el cáncer de Pedro Zerolo con la homosexualidad. Que es lo mismo que rebuznan los mentecatos de los mensajes. 
  • Dentro de unas semanas o unos días los tarados de los mensajes sobre Bimba Bosé quedarán eclipsados por otros gilipollas del mismo calibre que se alegrarán por la muerte de un indigente o por la paliza recibida por una adolescente. Los tarugos siempre están expectantes, dispuestos a demostrar su poco seso a cambio de unos minutos de atención.
  • Dentro de unas semanas el dolor que estos energúmenos han podido causar a los familiares directos de Bimba Bosé quedará olvidado porque, por desgracia, el dolor que producirá su ausencia definitiva lo ocupará todo. 
  • Fran Rivera, por su trabajo, ha matado toros. Puede ser legal, pero eso no implica que sea moral. La costumbre nos impide ver la barbarie que es. Si se sustituye el toro por un perro sometido al mismo castigo, se comprende mejor. 
  • Dentro de unos días, semanas e incluso años, los toros que mató Fran Rivera seguirán muertos. 
  • Si los sandíos que han escrito los mensajes ofensivos son sancionados, espero que el merluzo del cura y el periodista que ofendieron a Zerolo también lo sean. 

La mar tranquila

Mi madre es la cínica de la familia. Ha escuchado ciento de veces lo de: El tiempo lo cura todo. Ella responde: Claro, porque el tiempo te termina matando y después de la muerte no hay nada que curar

He trasladado el despacho de Málaga desde la calle Molina Larios a El Rincón de la Victoria. Un compañero me propuso compartir su despacho y repartir gastos. Tal vez, si tenemos suerte, colaborar en algunos proyectos o presentarnos a algún concurso (somos unos ingenuos). La vista de la ventana de calle Larios era la parte alta de la catedral, una imagen casi siempre diluida por la humedad del ambiente, como si fuera un dibujo a acuarelas. 

Lo que veo ahora por la ventana son las cumbreras de teja árabe de las casitas bajas de los pescadores, y más allá, el mar. 


Hipnotiza. Cuesta mucho dejar de mirarlo. A veces es como una persona que está enfurecida y poco a poco se va calmando. Otras es como un bromista pesado, y hace parecer que las lejanas nubes que se acercan a la tierra, son enormes olas que amenazan con engullirnos. A veces, sobre todo las madrugadas nubosas sin viento, parece sólo un desierto infinito y yermo. 

Hoy, por primera vez este año, estoy tranquila y feliz. Puede que sea verdad que el tiempo lo cura todo; siempre que ese todo no sea una herida profunda. 



lunes, 23 de enero de 2017

Vendo el huevo incorrupto de Franco

Cerca de mi casa, en la calle Agustina de Aragón número 14, una mujer mayor se encuentra en un aprieto. 

Algunos vecinos y el administrador de la finca han decidido, sin que lo exija nadie, poner un ascensor con accesibilidad desde la primera planta, amparándose en la ley de eliminación de barreras arquitectónicas. 

La señora mayor tiene un grave problema de claustrofobia, además de movilidad reducida. El nuevo ascensor, por ir encapsulado en un muro de citara, le será inservible. Tendrá que subir y bajar el triple de escalones de los que debe salvar ahora cada vez que va a la calle o regresa a casa. 

La solución que le han dado es que se aguante o pagar la diferencia para la adaptación del ascensor a sus necesidades. 

A la aparejadora que me ha dado a conocer este problema le parece una burrada lo que están haciendo con esta señora; a mí me parece una burrada; a la media docena de compañeros a los que he dado a conocer el problema con la esperanza de que alguno conozca una ley que ampare a la persona realmente con problemas de movilidad reducida, le parece una burrada... pero a nadie más le importa. 

La noticia se ha quedado estancada en cuanto se ha intentado dar a conocer por medio de las redes sociales. Pretendíamos que la mujer, al menos, se sintiera arropada por extraños, ya que sus vecinos de toda la vida, con los que lleva conviviendo más de 20 o 30 años, la han abandonado 

¿Nos estamos convirtiendo en islas capaces de prestar atención sólo a majaderías? 

El huevo incorrupto de Franco

domingo, 22 de enero de 2017

El dueño del cortijo

No me importaría la muerte si mi curiosidad fuera satisfecha por completo. ¿Cómo es la vida extraterrestre? ¿Qué existía antes del big bang? ¿Existe más de un universo? ¿Existe la nada infinita? ¿Son reales los agujeros de gusano? ¿Hacía dónde evolucionará la humanidad? Pero también hay cosas que prefiero no conocer. 

En las tres últimas semanas todo en mi vida ha dado un vuelco. Incluso el sofá, que antes miraba a la televisión, ahora lo hace a las cristaleras de la terraza. Es muy agradable adormilarse durante la hora de la siesta mientras miro las nubes o las estelas de los aviones (estoy bajo un corredor aéreo). El miércoles el cielo estaba encapotado, gris y compacto. Adormilarme fue fácil porque la noche anterior no había pegado ojo por culpa de una estructura. ¿Hay algo peor que salir de un duermevela con el rostro de un desconocido mirándote de cerca? Estaba medio dormida y demasiado asustada para poder recordar ahora mi reacción. Supongo que grité. Sí recuerdo, porque aún me ocurre cuando rememoro lo sucedido, que se me quedó la boca seca. Y levanté una pesa de tres kilos por encima de mi cabeza, amenazando con tirársela. Salió corriendo y cerró desde fuera la puerta con llave. Durante un rato me quedé alelada, sentada en el sofá, sintiendo los latidos del corazón en la garganta (supongo que a esa sensación se le llama ponérsele a alguien los testículos por corbata, independientemente que los tenga o no). Antes de poder ponerme en contacto con la policía, una llamada de Guillermo me interrumpió. La primera desde que se marchó a la francesa. Estaba enfadado porque había echado a su compañero. que venía a recoger un drom. Lo llamé gilipollas y colgué. Y un minuto más tarde descubrí que un trasto con cinco hélices lanzado desde una altura de 18 o 20 metros, no planea. y que, a pesar de su plástico flexible, es frágil.

Supongo que no me llama por temor a tener que dar explicaciones, y él está acostumbrado a ser un dechado de virtudes. Siempre es el bueno de la película. La razón de dejarme es de manual: tiene a otra. Lo sé por mi madre que ha hablado con la suya. También sé que mi antigua suegra me culpa de la separación: soy demasiado arisca.

Cambié la cerradura ese mismo día, pero aún hoy temo girar la cabeza, apartando la vista de la pantalla y toparme con un extraño en la casa.

viernes, 20 de enero de 2017

El dolor

Tengo la mala costumbre de robar los amigos de otros. Cuando era pequeña y mis hermanos traían a alguien a casa, me sentaba a su lado y saturaba sus cerebros de preguntas.

Recordar la primera visita de Nando sería un milagro porque, siempre que no vivíamos en un hermético recinto militar, nuestra casa se llenaba de gente. Decena de amigos de mis hermanos entrando y saliendo. Pero Nando tiene buena memoria y sus recuerdos se han convertido en míos. Me senté a su lado y le hice decenas de preguntas, sin tregua. Cada respuesta generaba tres o cuatro preguntas más. Y cada vez que nos visitaba para ver a mis hermanos, ocurrió lo mismo, a pesar de ser yo una niña pazguata y tímida que por nada terminaba con las mejillas convertidas en dos tomates maduros. Sólo la curiosidad superaba mi timidez.

Un día Nando, al llegar a casa, en lugar de preguntar por mis hermanos, lo hizo por mí. Me hablaba de sus viajes -conoce el Atlas, los Pirineos y los Alpes mejor que la palma de sus manos, susceptibles de llenarse con nuevas cicatrices porque es mecánico-, también me hablaba de ciencia, de astronomía, sobre todo. Ahora vive en Almería, pero me visitas siete u ocho veces al año, a intervalos irregulares, cuando se lo permiten su trabajo y sus viajes. Su última visita fue este lunes, la anterior a esa, pocos días antes de navidad. Fue una visita muy extraña, en la que la ciencia había desaparecido por completo de su conversación. Sólo supo hablar del dolor que sentía por el pinzamiento de un nervio entre dos vértebras. Habló de homeopatía y acupuntura. Un japonés que cobra 300 € la sesión porque trata a Obama (sí, el presidente norteamericano saliente). Durante toda nuestra conversación estuve esperando a que empezara a reírse a carcajadas por haberme tomado el pelo. Pero eso no ocurrió. Cuando se fue, sentí que había perdido un amigo, como si hubiera muerto.

Por fortuna, sólo fue una muerte pasajera. Esta semana vuelve a ser el de siempre. Se ríe de su propia ingenuidad: un japonés en España que trata a Obama. Este país está lleno de pícaros sin escrúpulos que se aprovechan de las mayores debilidades de las personas. Nando se lamenta que el dolor es un pésimo aliado para el sentido común (El dolor te vuelve gilipollas, han sido, en concreto, sus palabras).

miércoles, 11 de enero de 2017

Segundos catastróficos

Hay una serie de documentales que me gustan mucho. Se llaman Segundos Catastróficos. Presentan una catástrofe real y siguen una cuenta atrás, recopilando la serie de errores (porque las catástrofes suelen ser originadas por más de un error) hasta que ocurre el desastre. 

Faltan 0 segundos para el desastre....


Trump sentado a la mesa de un restaurante pidiendo a la carta (más o menos). La señora Trump parece disfrazada



Que Dios, cualquiera de ellos, proteja a Norteamérica y, de paso, al resto del mundo.

Nueva bandera norteamericana

lunes, 9 de enero de 2017

A lágrima viva

Es curioso lo parecidas que son la risa extrema y la tristeza extrema. En ambas los ojos terminan derramando lágrimas a raudales, el rostro se congestiona y se emiten ruidos semejantes. 

El viernes por la tarde mi aparejadora me invitó a dar una vuelta y tomar unas cervezas. Rechacé su invitación porque los zapatos de la fiesta de fin de año me hicieron rozaduras en los talones y aún no se habían curado. Al rato apareció con un pen y una bolsa de palomitas para microondas. Traía grabado el último episodio emitido en la televisión de la serie Mentes Criminales: Sin Fronteras. Un programa de humor voluntario no provoca tanta risa. La trama del episodio era una majadería, la ambientación una locura y el final un completo despropósito. Las palomitas terminaron esparcidas por el suelo y mi aparejadora y yo llorando a lágrima viva, como magdalenas, por culpa de las carcajadas. 

Choca las calles sin asfaltar en, supuestamente, plena Pamplona. 
Choca las banderas españolas en los balcones de las casas.
Choca la vegetación exclusivamente de cactus y pitas. 
Choca los decorados que desde fuera identificamos con México pero que un mexicano no reconoce como propio. 
Choca que los toros coman trozos de personas.
Pero, lo que más choca, es que al principio del episodio se diga que 68 millones de norteamericanos salen todos los años al extranjeros y no hayan pedido a algunos de ellos que los asesore para reflejar con un mínimo de realidad los países de los que hablan. 

Supongo que la serie tiene sus días contados, pero por si se les ocurre hacer un episodio ambientado en Andalucía, les informo de cómo vivimos aquí:

Nuestro transporte

Nuestra vestimenta

Nuestras casas

Y la trama puede ir de unos criadores de cerdos que hacen el mejor jamón de toda Andalucía. ¿El secreto? Los alimentan con los guiris que se ponen a tiro (los cerditos sí son omnívoros). 

¡Y pensar que taché de poco realista la serie surcoreana The K2 porque en Barcelona la gente hablaba con acento madrileño!








martes, 3 de enero de 2017

Año nuevo...

Las estructuras tienen dos formas de colapsar. Unas lo hacen avisando, dando indicios de lo que está a punto de ocurrir con grietas y crujidos. A veces da tiempo para conseguir una solución y evitar que la estructura se destruya: empresillando pilares debilitados o colocando cargaderos bajo las vigas con excesiva flecha. Esas estructuras a veces se pueden salvar, aunque la mayoría de las veces la solución es tan costosa o complicada que es mejor permitir que el edificio caiga. Otras estructuras simplemente colapsan, sin evidencias previas. De repente caen por culpa de alguna lacra oculta, y lo único que se puede hacer es mirar las ruinas con cara de incredulidad. 

Con las relaciones ocurre lo mismo. Algunas comienzan a deteriorarse con previo aviso, y se puede intentar salvarlas, y otras simplemente colapsan en un instante. La de Guille, sin yo saberlo, era de este tipo. Se fue a las pocas horas de comenzar 2017, después de haber asistido a la fiesta de fin de año de unos amigos, a los que sonrió a todos conmigo al lado. 

Llevo alelada desde entonces. Tal vez debería llorar, pero, de momento, no me apetece hacerlo. Intenté emborracharme. Tenía una botella de Sangre de Judas. Es un vino espumoso y dulce -lo de los matices se lo dejo a los entendidos-. Terminé con dolor de tripa por el gas de la bebida y por lo dulzón y, paradójicamente, con resaca, aunque ni siquiera conseguí achisparme. 

¿Por qué lo cuento aquí? Seguramente porque no tengo a nadie a quien atribular con mis penas. Lo contaré a mi familia, pero después de pasar estar fiestas porque ya tienen suficientes razones para odiar las navidades. Y nunca he tenido una amiga a la que pringar el hombro con mis penas. 

Cuando se lo cuente a mi familia, seguro que mi madre me echa la culpa a mí, dirá que no aguanto nada. Mi cuñada le echará la culpa a Guillermo, dirá que mientras las cosas fueron mal en su negocio, no se apartó de mi lado y que ahora que comienza a funcionarle todo, me deja. Mis hermanos le encontrarán miles de defectos que no le vieron mientras estábamos juntos. 

Él lo niega, pero, supongo que Guille, simplemente, ya es de otra.

domingo, 1 de enero de 2017

Este año tampoco caerá 2666

1º.- Título: La mala muerte
       Autor: Fernando Royuela
       Resumen: Un enano cuenta la historia de su vida ante el que va a ser su asesino: el propio lector. Desde la muerte desafortunada de su hermano cuando era muy joven, atropellado por un tren, a la venta a un circo por su madre, a conseguir el respeto de todos al hacerse millonario.

Es entretenido. Culto.

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2º.- Título: Noches de tormentas (02/01/2017 a 03/01/2017)
       Autor: Nicholas Sparks
       Resumen:  A una madre, ante su hija deprimida por la muerte de su marido por un cáncer, se le ocurre contarle la historia de un romance que tuvo en el pasado. Se había enamorado de un hombre durante un fin de semana. El hombre había tenido que marchar a Ecuador donde murió. La mujer no vuelve a enamorarse. 

Está mal escrito, es aburrido (se pone más interés en la lectura de un catálogo de Ikea) y las supuestas soluciones que proporciona Sparks, llevadas a la práctica, ante una persona con una depresión real, puede causar suicidio. Menos mal que es el último libro que leeré de este autor.

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3º.- Título: Al faro (03/01/2017 a 16/01/2017)
       Autora: Virginia Woolf
       Resumen: El núcleo principal de las tres partes que componen la novela parece ser la casa de vacaciones de la familia Ramsay: madre, padre y sus ocho hijos. La familia tiene invitados. No ocurre gran cosa durante toda la novela: se prevé hacer una visita al faro de la isla, sin conseguirlo en la primera parte de la novela por culpa del mal tiempo. Un paseo por la playa, la madre que teje unos calcetines para el hijo del farero, una cena... La segunda parte, que sólo parece un enlace para unir la primera y segunda parte, se relata, de forma acelera y sin detalles, de la muerte de la madre, la de un hijo por culpa de una granada en Francia durante la (primera o segunda) guerra mundial y la de una hija por culpa de una enfermedad durante el parto. En la tercera parte del libro han pasado varios años. Los hijos son mayores. Se prevé y consiguen hacer el esperado viaje hasta el faro mientras la pintora, amiga de la familia, los mira desde el jardín de la casa.

Me ha gustado mucho la lectura de este libro, y no sólo porque después de  Nicholas Sparks cualquier libro de cualquier autor parece sublime.

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4º.- Titulo: La Reliquia (16/01/2017 a 12/02/2017)
       Autor: Eça de Queiroz
       Resumen: Un huérfano vive con su tía beata. Cuando crece, se vuelve un libertino, aunque se finge religioso para quedarse con la herencia de la tía rica. Lo manda a Jerusalén, donde cree haber vivido la pasión de Cristo. Su tía le había pedido una reliquia. Le entrega un paquete en el que va envuelta la camisa de una prostituta de la que se ha enamorado, aunque él cree que es la corona de Cristo. Es desheredado.

Es una novela entretenida. Aunque algo tediosa en el viaje a Jerusalén.

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5º.- Título: La Trilogía de Nueva York (12/02/2017 a 19/02/2017)
       Autor: Paul Auster
       Resumen: Tres novelas cortas unificadas en un libro.
       La primera parte, Ciudad de Cristal, trata de un escritor que es confundido con un detective. Acepta el reto de investigar el caso que le proponen sin delatar el error: debe vigilar al padre de un hombre que, durante su infancia, para estudiarlo, mantuvo aislado a su propio hijo.
         La segunda parte, Fantasmas, un detective es contratado para vigilar a un hombre que tiene una vida muy aburrida. Se pasa casi todo el día sentado frente a la ventana escribiendo. El detective llega a la conclusión de que el hombre al que investiga es otro detective que debe vigilarlo a él.
            La habitación cerrada, tercera parte, en la que se relata la amistad de dos hombres desde la infancia. Han perdido el contacto. El narrador de la historia recibe la llamada de la mujer de su amigo. Ha desaparecido. Su amigo quería que el narrador de la historia se hiciera cargo de sus manuscritos. Son buenos libros que se publican y tienen éxito. El narrador se casa con la mujer del amigo, el que ha sido dado por muerto, y adopta al hijo de la mujer. El amigo está realmente vivo, pero desquiciado, escondido en una casa, sin futuro.

Es un libro fácil de leer y muy entretenido.

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6º.- Título: La Dama de las Camelias (19/02/2017 a 01/03/2017)
       Autor: Alejandro Dumas
       Resumen: Un joven de buena familia se enamora de una prostituta. Por desgracia para él, el amor es correspondido y durante unos meses viven un idilio en el campo. Ella tiene muchas deudas y el hombre no tiene mucho dinero, por lo que la prostituta vende su carruaje, caballos y empeña sus joyas. El padre del hombre se entera, habla con la entretenida (eufemismo para prostituta) y obliga a que lo deje. Lo hace fingiendo que se arrepiente de dejar su vida disoluta. La prostituta está enferma de tisis. Termina muriendo y el hombre se entera que la culpa de su abandono la tuvo su propio padre, aunque no le guarda rencor.

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7º.- Título: Luces de Bohemia (01/03/2017 a 13/03/2017)
       Autor: Ramón María del Valle-Inclán
       Resumen: Un escritor venido a menos Max Estrella, ciego y con esposa e hija, sale a dar una vuelta por Madrid acompañado por su amigo Latino de Híspalis. Se encuentra con diferentes personajes, desde los borrachos a las prostitutas. Es detenido y puesto en libertad con la ayuda de un viejo amigo que le otorga una paga y le da un poco de dinero. Cuando Max Estrella y Latino vuelve a la casa del poeta, Max muere a las puertas. Latino se queda con el dinero que le ha dado el amigo. En el periódico, en la taberna, pueden leer que dos mujeres han muerto en un incendio (accidente o suicidio, se preguntan): son la mujer y la hija del poeta.